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Pongamos que Sueiro hablaba de Madrid

Madrid es el marco de infinidad de cuentos y novelas. Para Daniel Sueiro, Madrid era su ciudad de acogida tras abandonar Galicia. Un lugar por el que mover a sus personajes y dejar constancia desde el mismo centro del país de la realidad en la que vivía.

Sueiro colorea un Madrid que los más jóvenes normalmente vemos en sepia. Gracias a su literatura —y a su cometido de dejar constancia de la realidad— podemos ver cómo era un Madrid que en hoy en día no parece tan lejano y del que muchos no quieren hablar.

Comenzamos pues una ruta de los espacios de la capital recogidos en la antología Cuentos para leer en la cama con un pitillo en la boca:

Gran vía

Cuando todavía estaban los almacenes Sepu o la cafetería Nebraska en Gran vía, Felipe el Marciano se paseaba por ella intentando atraer a gente a la Feria del Cerebro Electrónico. Era muy común en los años 50 encontrarse con estos «marcianos» que anunciaban los recreativos.

Caminó tristemente por el vestíbulo y se asomó a la Gran Vía. Todas las luces estaban encendidas. Los automóviles pasaban a riadas. Se colocó debajo del cartel que decía «Feria del Cerebro Electrónico» y estuvo pensando en sus cosas.

Felipe el marciano

Parque del Retiro

Los madrileños no han cambiado tanto, si hace un buen día, siempre es un buen plan dar un paseo por el Retiro. La rosaleda sigue floreciendo cada primera y las barcas abarrotan el estanque. Es el escenario de «El gas», en el que dos criadas comparten consejos mientras los niños juegan por el parque.

Empujaron juntas los cochecitos y se despidieron en la puerta del Retiro. Manuela, la Moderna, les dijo unas groserías a los niños y se fue hacia la calle de Serrano con un temblorcillo como de no sé qué subiéndole por las piernas.
La Vicenta tiró por Alfonso XIII adelante, arrimada a la verja del Retiro. Iba distraída, pensando en sus cosas.

el gas

San Bernardo

Los taxis y los coches pasaban de largo por la rotonda de San Bernardo mientras el protagonista de nuestro cuento esperaba paciente bajo la lluvia:

…y los cristales de los coches que bajaban hacia San Bernardo.
El paso de peatones, anaranjado e intermitente, parecía apresurar su parpadeo asombroso al paso de las viejecitas y de las niñas, que echaban una carrerita con el paraguas abierto. El caballero que había intentado abrir su paraguas en el portal intentaba abrir su paraguas en el borde de la acera y vigilaba nervioso el tránsito de los taxis.

mientras espero

Legazpi

El Madrid de los trabajos míseros y mal pagados, de la delincuencia, es el Madrid que vivían los trabajadores del mercado de Legazpi y que se retrata en «Las ratas» (versión más extensa del cuento «El ruedo»). El cuento va acompañando al protagonista en su búsqueda de venganza mientras recorre la zona de Embajadores y llega hasta el Manzanares.

Le pareció, al ir a atravesar la calle para entrar en la taberna, que los sucios y mellados cristales del mercado de Legazpi se tiñeron por un momento de sangre.

las ratas

Sueiro hizo un reportaje sobre el ya mítico mercado que inspiró a Carlos Saura para Los golfos (1961) —y con guion del propio Sueiro—. En unas imágenes de TVE podemos verlo hablando de ello (a partir del minuto 2.53): https://secure-embed.rtve.es/drmn/embed/video/3808531

Tranvía Atocha – Fuencarral

El protagonista de mi asiento en el tranvía no deja que nadie le quite su sitio para admirar el paisaje madrileño. Recorre la línea 14 que iba desde Atocha a Fuencarral.

Sentado en tu asiento, sin hacer caso de nada, con la frente pegada al cristal y el sol que te calienta, así vas, mirando las casas y las aceras, los árboles, las glorietas, todo lo que pasa en la calle, las puertas de los bares, los coches, las disputas, la gente; todo eso moviéndose o quieto, todo al sol, mientras tú pasas de viaje y disfrutas tu buena horita de tranvía todos los días.

Mi asiento en el tranvía

Plaza de Castilla

En una residencia de señoritas en esta mítica plaza se encuentra el protagonista de «El cuidado de las manos, o de cómo progresar en los preparativos del amor sin producir averías en la delicada ropa interior» cuando tiene su magnífica revelación.

Creo que la llevé a una especie de residencia de señoritas, donde ya había estado otras veces, por ahí por la plaza de Castilla, un apartamento pequeño, pero con hilo musical, con ese detalle está dicho todo.

El cuidado de las manos, o de cómo progresar en los preparativos del amor sin producir averías en la delicada ropa interior

Chueca

Aunque hoy vuelve a haber barberías en Chueca, el ficticio número 113 de la calle Barbieri acogía la barbería de Paco y fue invadida por unos melenudos en el inquietante relato «Servicio de navaja». Aquí vemos el Madrid cambiante, en el que ya empiezan a notarse los tiempos modernos.

Así fue como Felipe el Rojo Segundo, o Felipe el Segundo Rojo, nunca Felipe Segundo el Rojo y su banda […], ocupó por un tiempo la barbería del señor Francisco Bermúdez, o Paco Mondahuesos, situada en la madrileña calle Barbieri, número 113, donde ninguna lápida de arena amasada a puño conmemora ni recuerda siquiera el lugar en que mataron al camarero; no, tampoco como los periódicos entonces dijeron.

Servicio de navaja

El nombre de la calle se le concedió en 1894 al compositor madrileño Francisco Asenjo Barbieri, autor de la zarzuela El barberillo de Lavapiés.

La Granja de San Ildefonso

En una fiesta en La Granja estuvo la protagonista y narradora de «Sobremesa con fotos» donde podemos ver los recovecos por los que se codeaba la jet set de aquellos tiempos. Así lo cuenta ella:

Yo estuve una vez en La Granja, invitada en la fiesta del Caudillo, pero conocerle, conocerle, no, ni a la señora, claro, no tuve trato así de amistad, ni mucho menos íntimo.

Sobremesa con fotos

Hay más Madrid retratado en los Cuentos y desde aquí invitamos al lector más curioso e intrigado a que complete el mapa con su lectura. Encontrará que todavía hay mucho Madrid hoy en aquel Madrid de los tranvías, de las cabinas de teléfonos, de los seiscientos… Y es que todos los tipos de Madrid tienen cabida en el mapa que traza Daniel Sueiro.

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