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El cerco a la feminidad

«Lo que nunca haría ya, pasase lo que pasase, aunque se quedara de nuevo en la calle aquella misma noche o a la mañana siguiente, sería volver a las paredes frías y a las hoscas miradas, al miedo y al hambre descarnados, y mucho menos a aquella horrible vergüenza, a la humillación y a la rabia que le daba recordar todo aquello, desgraciado, desgraciado y mil veces desgraciado, jamás volvería a verlo ni a ningún otro, estuvieran donde estuvieran, por lo que me has hecho, todo aquello de lo que había huido, para siempre, otra noche, aquel mismo invierno.»

Una niña se queda en la sola compañía de una manada de gatos; una mujer contempla con desagrado el pronto retorno de su marido al hogar. En los cuentos de Sueiro, la feminidad se ve cercada; a veces no se producen agresiones directas, pero ellas, las mujeres, están atrapadas frente a un enemigo que ejerce una determinada violencia contra ellas. Los relatos mencionados («Felis domesticus», «Viaje en bicicleta») tienen varios puntos en común. Es evidente que son algunos de los textos protagonizados por o focalizados en mujeres (en «Viaje en bicicleta», la mujer es la cara B del relato, pues hay otra trama en la figura del esposo). Pero el nexo más interesante no es este, sino su estructuración a partir de una dicotomía de cazador y presa.

Comencemos con Valentina, la mujer de «Viaje en bicicleta», que vive en el canónico espacio de lo doméstico como un ángel del hogar solitario y manchego. Cuando su marido llega a casa, ella se sorprende, porque no le espera ese día; acto seguido, le rechaza. El cuento se estructura en torno a este rechazo, con su esposo, Eusebio, tratando de acercarse a ella en una especie de tira y afloja corporal que no evita la separación constante de ambos. La decisión de Sueiro de que Valentina diga no (en dos ocasiones) ya tiene implicaciones: se niega a cumplir su deber, quiebra su espacio, ya no representa la función que debiera. Subvierte la función de presa a la que Eusebio la condena de forma inconsciente. Sin embargo, no puede escapar del ámbito doméstico, del lugar al que pertenece, al que está encadenada. Se produce un despertar, sin más acción que esta. De hecho, es él quien se marcha (en tren y rabioso, de nuevo hacia un trabajo que detesta e incapaz de entender el porqué del rechazo de su esposa); Valentina se queda sola, llora, pero no llama a Eusebio, en una tercera negación. Yo expongo los hechos y vosotros atáis los cabos neotestamentarios de este fortísimo rechazo de la autoridad. En el plano de lo simbólico, Valentina consigue huir, queda libre por el momento; pero esto no ocurre en el plano físico.

¿Porque cómo se escapa en el plano físico? ¿Cómo consigue una mujer romper con el esquema cazador/presa que presenta el patriarcado? Para eso hay que desligarse de la estructura humana, desvincularse de la sociedad. En «Felis domesticus», una niña huye de no se sabe bien qué (aunque se intuye) y da a parar a la casa de unos ancianos, un lugar lleno de gatos, que se quedará cuidando cuando los dueños se marchen. Evitemos los innecesarios spoilers. La niña se enfrenta al mundo. El aspecto más interesante de este relato es la deshumanización que sufre a medida que avanza el argumento; poco a poco, este personaje sin nombre abandona cualquier canon social, abandona lentamente la humanidad hasta convertirse en una suerte de gato más, en un ser salvaje que corre por la casa y el jardín y que ya no atiende a nada más que a su instinto.

En este cuento, el agón se ve representado por un personaje que trata de meterse en la casa para hacerle daño a la niña; es decir, por un cazador que cerca a su presa. El pasaje conecta con textos estadounidenses (ya hemos hablado de otros casos en los que esto ocurre) como «¿Adónde vas? ¿Dónde has estado?», de Joyce Carol Oates. Ambos textos hablan de mujeres que se enfrentan a la violencia que el hombre ejerce contra ellas. Pero hemos de recordar que Sueiro ha construido aquí un personaje que ya viene huyendo; ya se ha percatado de esto y lucha contra ello. No está de nuevas y elimina su función de presa, de víctima, para entrar en una nueva categoría, fuera de lo social y la estructura canónica; ya no puede pertenecer a la humanidad por la imposibilidad de salirse de lo político. Por tanto, debe marcharse, convertirse en otra cosa. Despertar y transformación. Esta metamorfosis es uno de los elementos que convierten a este texto en uno profundamente moderno, que se separa de forma radical de la producción de la época.

Los textos trascienden la autoría concreta. Van más allá de la época, del lugar, parten de una intuición humana lejana a cualquier disquisición temporal y territorial. Estos cuentos, separados por tan solo unos años en su escritura o publicación original, cuentan una historia semejante. Una historia de agresiones silenciosas que pasan desapercibidas pero en las que se puede poner el foco. Sueiro lo hace y eso los convierte en relatos maravillosos; el autor entiende que se ha de producir un cambio, un click en los personajes, una especie de iluminación (de despertar) para que surja la lucha. De esta rebelión, por tímida que parezca ser a veces para el argumento, surge el brillo de Valentina y de la niña sin nombre de «Felis domesticus». Y, por supuesto, emerge el brillo de los relatos.