Gabriela recibe el título de maestra en 1923 y nos descubre
una época de pobreza y analfabetismo hasta la Guerra Civil española. De modo
que la protagonista vive en primera persona, el deseo de la población por
acabar con la monarquía en favor de una república democráticamente elegida que
apostaba por la educación del pueblo y el reconocimiento de la igualdad y los
derechos de la mujer. Será testigo de cómo los avances de este gobierno se
verán frenados por el golpe de Estado militar y la Guerra Civil.
España partida en dos:
breve historia de la Guerra Civil española, Julián Casanova
Este ensayo del historiador Julián Casanova es una exposición
del desarrollo de la Guerra Civil: desde el golpe de Estado, fracasado en las
grandes ciudades, pasando por el camuflaje de la guerra como una cruzada por
parte del bando golpista, el ensayo en suelo español de lo que sería la contienda
internacional y los conflictos internos de sendos bandos, hasta la imposición
de un estado totalitario.
La voz dormida,
Dulce Chacón
En esta novela, Dulce Chacón nos presenta las historias
entrelazadas de varias milicianas que coinciden en una cárcel falangista.
Mujeres que presencian, impotentes, la pérdida de la guerra y la anulación de
derechos recién adquiridos. Hortensia, cuyo embarazo posterga el juicio del que
sabe que saldrá malparada, sólo recibe noticias de su marido por medio de su
hermana, quien se enamora del líder de un grupo de guerrilleros; Reme, que
planea la fuga de Sole y Elvira, la primera conseguirá pasar la frontera
francesa y reunirse con su hija, la segunda se une a un grupo de guerrilleros…
Usos amorosos de la
posguerra española, Carmen Martín Gaite
En este ensayo, Carmen Martín Gaite expone la educación
sentimental que recibieron las mujeres de la posguerra, con el fin de que sus
hijas, nacidas a finales de la dictadura, las comprendieran. Para ello, se
sirve del ideal de mujer que el franquismo impuso con la ayuda de la Iglesia
católica y la rama femenina de la Falange, Sección femenina, liderada por Pilar
Primo de Rivera («Las mujeres nunca descubren nada, les falta la inteligencia
de los hombres»).
Cuentos para leer en
la cama con un pitillo en la boca, Daniel Sueiro
En sus cuentos, Daniel Sueiro construye historias, entre el
dolor y la risa irónica, contra el espíritu nacional de la España de Franco
(porque incluso en los ochenta, como decía Sueiro, Franco se había muerto más
bien poco). Una España oprimida, pobre, gris. Sus personajes, hombres y
mujeres, caminan sin rumbo en un país que les es desfavorable; una realidad que
los pone al límite. Marginados, infelices, desventurados: material humano.
Dicen algunos críticos que los americanos inventaron el cuento. Eso dicen.
La modernidad estaba en el fragmento, pero el cuento había sido siempre un ejercicio cerrado y estético, una preciosa cajita de música construida para sonar bien. Sin embargo, en la segunda mitad del siglo XX, la era de la «gran novela americana», algunos narradores se pasaron al género del cuento para arrebatarle su fama de canto de cisne. Ahora las piezas breves no solo iban a trasladarse a lo social, al realismo que los americanos acababan de descubrir que tenían, sino que además lo iban a ensuciar. El dirty realism iba a convertir a América en el país del «nuevo cuento» y algunos de sus autores más icónicos, como Raymond Carver o John Cheever iban a ser sus padres fundadores.
John Cheever
Pero, ¿qué pasaba
en España? (esa parece ser la mejor pregunta en el siglo XX en lo que a literatura
se refiere). ¿Qué hay más sucio que la realidad de la España de los 50, 60 o
70? En este país, entre silencio y susurros, se escondía un escritor que poco
tiene que envidiar a los grandes cuentistas americanos de los que hoy todo el
mundo se acuerda.
Daniel Sueiro iba a
escribir sobre nuestra España sucia mucho antes de que nosotros supiéramos lo
que era eso.
Cheever y Carver traen al cuento el silencio y la espera. De pronto, el silencio significa algo en los cuentos de Carver y de Cheever que nunca había significado antes. Igual que ocurre en los de Sueiro. Podemos saber más sobre los personajes por lo que no se dice de ellos que por lo que se dice. Las conversaciones que no tienen son las importantes, y están allí porque se ausentan. Mientras la pareja de amantes más famosa de Carver discute sin escucharse en Intimidad, Sueiro habla de la intimidad perdida entre todos los seres humanos en su cuento Algo de alguien en algún sitio. Conversaciones que no llevan a ningún sitio y que insinúan más que cuentan. Insinuar a la contra, esa es la técnica carveriana (¿o sueiriana?). Sus escrituras se construyen en la elipsis. Saben callarse formando un estruendo.
El llamado «misterio
americano», ese de contar sin decir, de poner las cosas tan claras que no hace
falta contarlas porque el otro ya las sabe, y que invita a una segunda lectura,
está ya en los cuentos de Sueiro, que es imposible leer solo una vez. La
modernidad de evitar llenar los huecos para el lector, obligando a una
relectura que solo fabricas para ti, convierte a los cuentos de Sueiro en el invento
más moderno de la cuentística española. Sueiro se adelanta casi veinte años,
nos trae técnicas que tardaríamos décadas en volver a ver en España. Algunos de
sus cuentos como Mientras espero,
podrían ser hermanos de los mejores cuentos de Carver.
Los relatos de Cheever se basan en las conexiones. Los episodios, los recuerdos, las imágenes se suceden con una lógica aparentemente caótica. Y nunca llegan a parecer meras digresiones, sino partes de un puzzle que hay que construir. Incluso cuando tiende a la estructura premeditada, como en El nadador, Cheever se las arregla para dejar un margen al misterio. Tampoco lo fantástico se conforma con serlo. El nadador que cruza piscinas ajenas avanza en el espacio, pero también en el tiempo. Y se dirige hacia su propio invierno. Pero lo fantástico que no es tan fantástico, sino más bien una estructura (es decir, más bien social) es el recurso estrella del cuento fantástico más brillante de Sueiro: El día en que subió subió la marea. El nadador de Cheever podría haber recorrido la Península bañándose en la misteriosa marea de Sueiro, por las mismas razones.
Cheever y Carver quieren poner el ojo en lo que se mira, aunque lo que se mire parezca un desperdicio. Las relaciones personales reciben un enfoque parecido. Las parejas de Cheever rara vez rompen, se mantienen en un equilibrio frágil, anhelando, esperando que nada se rompa. Las relaciones humanas en Carver, sin embargo, suelen reflejar un fracaso consumado. Las relaciones humanas en Sueiro penden de ese mismo equilibro, de un hilo a punto de resquebrajarse que revela un trasfondo que corta la respiración y un anhelo de esperanza que los hunde. Que se lo digan a la pareja de Viaje en bicicleta o a Las dos hermanas.
Raymond Carver
Los americanos hablan de religión, sobre el «espíritu religioso». Cheever parecía encontrar más inspiración que limitaciones en la moral religiosa. Carver veía en la falta de fe la nueva religión imperante. Pero Sueiro vivía en el país del nacional catolicismo, escribiendo contra el «Espíritu Nacional» en la España de Sobremesa con fotos. Donde los verdugos y los barberos no saben qué hacer ahora que se han quedado sin clientes. La moral y la religión no pululan por sus cuentos, sino que los forman, los moldean como si fueran el colchón sobre el que sientan sus personajes. ¿Quién podría decir, y quedarse tan ancho leyéndolo, que esto lo trajeron al cuento los americanos?
Y es que la España
de Sueiro está sucia. Llena de mujeres que conviven con gatos, de criadas que
abren el gas para callar a los hijos de sus señores, de tipos que aceleran en
el cambio de rasante a toda velocidad. Personajes que podrían estar en
cualquier cuento de Cheever o Carver. Modernos, irónicos, cínicos y críticos.
La pregunta es, si Cheever o Carver son los padres del cuento posmoderno (los padres de Robert Coover, de David Foster Wallace o de Pynchon), ¿dónde están los hijos de Daniel Sueiro? La cuentística española pudo a través de Sueiro competir con los más grandes cuentistas americanos, pero como él, se quedó sin tiempo. Ahora es el turno de sus herederos literarios reconocer quién es su padre. Poner nombre y apellidos a la España más dirty.
Podrás leer todos los cuentos de Sueiro mencionados en este artículo muy pronto en la antología «Para leer en la cama con un pitillo en la boca »
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