La maldición de las personas inteligentes es la lucidez. Después de leer la presentación del propio Sueiro, no hay duda de que era un hombre lúcido, capaz de ver las contradicciones de su tiempo y de su propia labor, la tensión entre lo que demandaba uno (sacudir esa España aturdida por los detentadores del poder) y lo que exigía la otra (la creación de una obra universal, no acotada en tiempo ni en espacio). Sueiro creyó que la forma en que él y sus coetáneos habían estado escribiendo, en que se habían dirigido a los españoles de la España franquista, convertía estos dos objetivos en mutuamente excluyentes.
Si esto fuera verdad, leer hoy a Daniel Sueiro sería solo, a lo menos, un ejercicio de arqueología literaria y, a lo más, un agradecimiento de los españoles de hoy a aquellos que lucharon contra el franquismo y su censura para que la cultura en España no se convirtiera en algo inerme y agostado. No podemos negar que algo de esto hay: quien lea hoy a Sueiro entenderá mejor la literatura y la historia de una de nuestras épocas más aciagas y homenajeará a un espíritu crítico y valiente, un demócrata constreñido por la estrechura de la vida en una dictadura brutal que no merece estar en las catacumbas del olvido, como tantos otros no merecen estar en las cunetas, estas sí demasiado físicas.
Pero si únicamente fuera por esto, no lo habríamos editado. Si lo hemos hecho es porque estamos convencidos de que, al menos en una cosa, Sueiro se equivocó: él sí logró crear historias universales a partir del material humano que le rodeaba, y al que se dirigía, y lo hizo tanto con las técnicas del realismo social como cuando quiso contar los cuentos que los españoles querían oír.
Los más antiguos cuentos de Sueiro se escribieron hacen setenta años; los más jóvenes ya han pasado la crisis de los cuarenta. No importa. Cuando estos textos sean centenarios seguirán hablando de algo que nos concierne: la defensa de la dignidad humana frente a la hostilidad de la realidad y sus miserias, la comunicación con los demás como tabla de salvación.
Si el mejor homenaje que se le puede hacer a un escritor es leerle, el mejor homenaje que se le puede hacer a un lector es ofrecerle una obra universal. Como editores, estas han sido las razones que nos han llevado a editar a Daniel Sueiro, y en este blog queremos demostrar que estos Cuentos para leer en la cama con un pitillo en la boca son la mejor forma de escapar del aburrimiento del país, del aburrimiento de todos nosotros, y encontrar a un escritor libre, vivo y universal.