Entradas

Una vida de cuento

Como ya vimos la semana pasada en esta entrada, Sueiro se sirvió de su familiaridad con las calles de Madrid, donde vivió gran parte de su vida, para situar las tramas de numerosos cuentos. Pero no se quedó ahí, Sueiro siempre se inspiró a lo largo de su carrera en sus experiencias vitales y dejó en muchos de sus cuentos pedacitos de sí. Hoy repasamos algunos de ellos.

Puede que uno de los cuentos más personales del autor sea «El maestro». Este relato cargado de inocencia y ternura podría ser una especie de homenaje a su padre, que era profesor en una escuela rural en el pueblecito coruñés de Ribasar. En este cuento, dos niños se escabullen de la clase de dibujo para bañarse en el río. Cuando regresan, preocupados por que el profesor se haya percatado de su ausencia, descubren que todos se han marchado, dejando atrás sus pertenencias. Una vez en el pueblo, se enteran de que el maestro sufrió un ataque durante la lección y está agonizando. En su lecho de muerte, el hombre, lejos de enfadarse, parece alegrarse al tocar el pelo húmedo de su alumno.


Y a mí me pareció que quiso sonreír y que no pudo.

Aparte de su Galicia natal y Madrid, Cádiz también cobra protagonismo especialmente en uno de sus cuentos. Sueiro solía veranear en El Puerto de Santa María, donde su suegro tenía una casa. Allí conversaba con los obreros que construían los demás chalés de la nueva urbanización y de aquella experiencia nació «Las siestas». El cuento está protagonizado por un obrero adolescente que trabaja en la construcción de una casa de veraneo precisamente allí, en El Puerto de Santa María, y que está obsesionado con la mujer que viven en el chalé de enfrente. El sofocante sol estival a la hora de la siesta, que Sueiro supo reflejar a la perfección, no lo ayuda a deshacerse de la excitación que le provoca imaginarse lo que estará haciendo la mujer con su marido en la habitación durante las horas de más calor.

Como ya sabréis, Sueiro era periodista y utilizó también el género cuento para denunciar la precaria situación del periodismo en España durante el franquismo. Hablamos concretamente de «Al fondo del pozo», en el que el autor narra el desesperante proceso que deben seguir los de la profesión un día de pago. Aquí crea un pozo en el que todos escupen y tiran colillas que simboliza el estado de la cultura en ese momento histórico, en el que los periodistas se veían obligados a escribir piezas de las que renegaban para poder sobrevivir pese a contribuir así a aumentar el «nivel de inmundicia». Por cierto, de este cuento procede la cita que aparece en la contracubierta de nuestra antología.


Acababa de encender un cigarrillo y me acerqué a una de las ventanas para tirarlo casi entero al fondo del pozo y escupir, escupir dos veces con asco hasta ver cómo llegaba abajo todo aquello y aumentaba un poco más el nivel de inmundicia y podredumbre.

Si os habéis quedado con ganas de leer más, os alegrará saber que ya se acaba la espera. ¡Este miércoles 22 de mayo sale por fin a la venta Cuentos para leer en la cama con un pitillo en la boca!

Entradas

Truman Capote, Tom Wolfe y Daniel Sueiro entran a un bar…

Quizá hayáis oído hablar alguna vez del nuevo periodismo. Quizá creáis que está relacionado con medios de reciente creación y altísima calidad informativa, como puede ser Mediterráneo Digital (esos señores —porque seguro que son señores— que escriben noticias como «¿Por qué las feministas son más feas que las mujeres normales» o «Abascal e Iglesias coinciden por primera vez en un ascensor… y el líder de Vox sale con muletas»). Pues no. Aunque las fake news puedan parecer nuestro nuevo periodismo, no hablamos de eso. Salgamos de dudas.

El día en que se celebró una buena corrida de toros en Aranjuez, hace poco tiempo, un par de horas antes de que a Antonio Ordóñez le cogiera ese toro, una moto o un automóvil, no lo sé bien, atropelló a una muchacha en la carretera. La mujer parece que quedó tendida allí y se acercó la gente, y solo se decidió a coger, rápidamente, y a levantarla del suelo en sus brazos para atenderla y llevarla a algún sitio a curarla, un tipo medio gigante y de cierta edad, aunque muy vigoroso, de barba crecida y blanca y pelo completamente blanco, que parecía algo extranjero. Un fotógrafo, Cuevas, recogió esa escena y obtuvo así, también uno de los más justos, cabales y significativos retratos de Hemingway. El torero Ordóñez presenció la escena desde un balcón del hotel, y luego le cogería el toro.

El nuevo periodismo es ir a los toros y escribir una de las más bellas semblanzas de Hemingway (seguid leyéndola más abajo). El nuevo periodismo son esas historias con las que Paco León te monta tres temporadas de Arde Madrid, vaya.

Como no podía ser de otra forma, el fragmento pertenece al arranque de un artículo de Daniel Sueiro, «Hemingway o la solidaridad», publicado el 19 de agosto de 1959 en el diario ABC y responde perfectamente a la definición —académica— del nuevo periodismo: la combinación de elementos literarios con otros propios de la investigación periodística.

Esta corriente fue bautizada por Tom Wolfe, quien también lo inició en 1963 con el reportaje «There Goes (VAROOM! VAROOM!) That Kandy-Kolored (THPHHHHHH!) Tangerine-Flake Streamline Baby (RAHGHHHH!) Around the Bend (BRUMMMMMMMMMMMMMMMM…)». No es coña. Wolfe estuvo acompañado en la cima del nuevo periodismo por otros grandes escritores: Joan Didion, Norman Mailer, Truman Capote y Hunter S. Thompson.

GettyImages-101975155-635x480
Tom Wolfe en su casa, fotografiado en 1988. Nótese el detalle de la corbata a juego con los calcetines. | Getty

En Slouching Towards Bethlehem (1968), Didion usa sus experiencias personales y recuerdos para explorar los valores culturales americanos de esa época. «Olvidamos demasiado pronto las cosas que pensábamos que nunca olvidaríamos. Olvidamos los amores y las traiciones por igual. Olvidamos lo que susurramos y lo que gritamos. Olvidamos quiénes somos». ¿Os imagináis a Didion en Mediterráneo Digital?

Norman Mailer escribió «Superman Comes to the Supermarket» (1960), una crónica de la convención del Partido Demócrata en la que John F. Kennedy hizo su entrada política; una suerte de retrato sobre el trigésimo quinto presidente de EE.UU. a la que Sueiro no tiene nada que envidiarle. Además, Esquire le cambió el titular a «Superman Comes to the Supermart» y Mailer estuvo años sin escribir para la revista. Porque supongo que hay juegos de palabras imperdonables en inglés.

A sangre fría, Truman Capote. ¿Hace falta decir más? Sí. Que su adaptación cinematográfica, por mucha nominación al Oscar y por muchos tops del AFI en los que esté, es un rollo; 135 minutos son muchos. Y otra cosa. Phillip Seymour Hoffman se parecía más a Truman Capote que Truman Capote. Y que si no habéis leído A sangre fría, hacedlo, insensatos.

En Miedo y asco en las Vegas (1971), Hunter S. Thompson —y Ralph Steadman, que ilustra el libro— narra su viaje a la ciudad del pecado con el objetivo de escribir reportajes y lo que él llama perseguir el sueño americano, todo aderezado con drogas. Así que cuando Terry Gillian decidió adaptar la obra en 1998 no tuvo que hacer mucho trabajo de dirección actoral con Johnny Depp.

91GO7tqUAHL._SL1500_
Una de las ilustraciones de Ralph Steadman en ‘Miedo y asco en las Vegas’.

En español, el gran referente del nuevo periodismo es Relato de un náufrago, de Gabriel García Márquez, publicado como libro el mismo año que el anterior, pero que originalmente fueron catorce artículos aparecidos en días consecutivos en el periódico El Espectador en 1955. Trata la historia del tripulante de un buque militar que sobrevivió durante diez días tras caer al mar debido a unos cargamentos de contrabando que se soltaron de la cubierta y no por una tormenta como aseguró la Armada colombiana. Porque si hablamos de periodismo y no de corrupción, parece que no es información real.

Y como representante del nuevo periodismo en España hoy, tenemos a Robert Juan-Cantavella con El Dorado (2008) que, para fantasía de muchos, hace un paralelismo entre Las Vegas y Marina D’Or, ciudad de vacaciones, dígame. Y para qué voy a decir más si están las Nancys Rubias.

Para terminar, volvemos con Daniel Sueiro y una de sus obras más reconocidas: La verdadera historia del Valle de los Caídos (Sedmay, 1976). Se trata de un trabajo exhaustivo basado en testimonios de trabajadores que participaron en la construcción del monumento, entrevistas con los arquitectos y análisis de noticias de la época. Como lo prometido es deuda, aquí está el artículo completo de Hemingway. Disfrutadlo.

Hemingway o la solidaridad

[En la imagen principal: Ernest Hemingway junto al torero Antonio Ordóñez | Associated Press]

 

Entradas

Pongamos que Sueiro hablaba de Madrid

Madrid es el marco de infinidad de cuentos y novelas. Para Daniel Sueiro, Madrid era su ciudad de acogida tras abandonar Galicia. Un lugar por el que mover a sus personajes y dejar constancia desde el mismo centro del país de la realidad en la que vivía.

Sueiro colorea un Madrid que los más jóvenes normalmente vemos en sepia. Gracias a su literatura —y a su cometido de dejar constancia de la realidad— podemos ver cómo era un Madrid que en hoy en día no parece tan lejano y del que muchos no quieren hablar.

Comenzamos pues una ruta de los espacios de la capital recogidos en la antología Cuentos para leer en la cama con un pitillo en la boca:

Gran vía

Cuando todavía estaban los almacenes Sepu o la cafetería Nebraska en Gran vía, Felipe el Marciano se paseaba por ella intentando atraer a gente a la Feria del Cerebro Electrónico. Era muy común en los años 50 encontrarse con estos «marcianos» que anunciaban los recreativos.

Caminó tristemente por el vestíbulo y se asomó a la Gran Vía. Todas las luces estaban encendidas. Los automóviles pasaban a riadas. Se colocó debajo del cartel que decía «Feria del Cerebro Electrónico» y estuvo pensando en sus cosas.

Felipe el marciano

Parque del Retiro

Los madrileños no han cambiado tanto, si hace un buen día, siempre es un buen plan dar un paseo por el Retiro. La rosaleda sigue floreciendo cada primera y las barcas abarrotan el estanque. Es el escenario de «El gas», en el que dos criadas comparten consejos mientras los niños juegan por el parque.

Empujaron juntas los cochecitos y se despidieron en la puerta del Retiro. Manuela, la Moderna, les dijo unas groserías a los niños y se fue hacia la calle de Serrano con un temblorcillo como de no sé qué subiéndole por las piernas.
La Vicenta tiró por Alfonso XIII adelante, arrimada a la verja del Retiro. Iba distraída, pensando en sus cosas.

el gas

San Bernardo

Los taxis y los coches pasaban de largo por la rotonda de San Bernardo mientras el protagonista de nuestro cuento esperaba paciente bajo la lluvia:

…y los cristales de los coches que bajaban hacia San Bernardo.
El paso de peatones, anaranjado e intermitente, parecía apresurar su parpadeo asombroso al paso de las viejecitas y de las niñas, que echaban una carrerita con el paraguas abierto. El caballero que había intentado abrir su paraguas en el portal intentaba abrir su paraguas en el borde de la acera y vigilaba nervioso el tránsito de los taxis.

mientras espero

Legazpi

El Madrid de los trabajos míseros y mal pagados, de la delincuencia, es el Madrid que vivían los trabajadores del mercado de Legazpi y que se retrata en «Las ratas» (versión más extensa del cuento «El ruedo»). El cuento va acompañando al protagonista en su búsqueda de venganza mientras recorre la zona de Embajadores y llega hasta el Manzanares.

Le pareció, al ir a atravesar la calle para entrar en la taberna, que los sucios y mellados cristales del mercado de Legazpi se tiñeron por un momento de sangre.

las ratas

Sueiro hizo un reportaje sobre el ya mítico mercado que inspiró a Carlos Saura para Los golfos (1961) —y con guion del propio Sueiro—. En unas imágenes de TVE podemos verlo hablando de ello (a partir del minuto 2.53): https://secure-embed.rtve.es/drmn/embed/video/3808531

Tranvía Atocha – Fuencarral

El protagonista de mi asiento en el tranvía no deja que nadie le quite su sitio para admirar el paisaje madrileño. Recorre la línea 14 que iba desde Atocha a Fuencarral.

Sentado en tu asiento, sin hacer caso de nada, con la frente pegada al cristal y el sol que te calienta, así vas, mirando las casas y las aceras, los árboles, las glorietas, todo lo que pasa en la calle, las puertas de los bares, los coches, las disputas, la gente; todo eso moviéndose o quieto, todo al sol, mientras tú pasas de viaje y disfrutas tu buena horita de tranvía todos los días.

Mi asiento en el tranvía

Plaza de Castilla

En una residencia de señoritas en esta mítica plaza se encuentra el protagonista de «El cuidado de las manos, o de cómo progresar en los preparativos del amor sin producir averías en la delicada ropa interior» cuando tiene su magnífica revelación.

Creo que la llevé a una especie de residencia de señoritas, donde ya había estado otras veces, por ahí por la plaza de Castilla, un apartamento pequeño, pero con hilo musical, con ese detalle está dicho todo.

El cuidado de las manos, o de cómo progresar en los preparativos del amor sin producir averías en la delicada ropa interior

Chueca

Aunque hoy vuelve a haber barberías en Chueca, el ficticio número 113 de la calle Barbieri acogía la barbería de Paco y fue invadida por unos melenudos en el inquietante relato «Servicio de navaja». Aquí vemos el Madrid cambiante, en el que ya empiezan a notarse los tiempos modernos.

Así fue como Felipe el Rojo Segundo, o Felipe el Segundo Rojo, nunca Felipe Segundo el Rojo y su banda […], ocupó por un tiempo la barbería del señor Francisco Bermúdez, o Paco Mondahuesos, situada en la madrileña calle Barbieri, número 113, donde ninguna lápida de arena amasada a puño conmemora ni recuerda siquiera el lugar en que mataron al camarero; no, tampoco como los periódicos entonces dijeron.

Servicio de navaja

El nombre de la calle se le concedió en 1894 al compositor madrileño Francisco Asenjo Barbieri, autor de la zarzuela El barberillo de Lavapiés.

La Granja de San Ildefonso

En una fiesta en La Granja estuvo la protagonista y narradora de «Sobremesa con fotos» donde podemos ver los recovecos por los que se codeaba la jet set de aquellos tiempos. Así lo cuenta ella:

Yo estuve una vez en La Granja, invitada en la fiesta del Caudillo, pero conocerle, conocerle, no, ni a la señora, claro, no tuve trato así de amistad, ni mucho menos íntimo.

Sobremesa con fotos

Hay más Madrid retratado en los Cuentos y desde aquí invitamos al lector más curioso e intrigado a que complete el mapa con su lectura. Encontrará que todavía hay mucho Madrid hoy en aquel Madrid de los tranvías, de las cabinas de teléfonos, de los seiscientos… Y es que todos los tipos de Madrid tienen cabida en el mapa que traza Daniel Sueiro.

Entradas

¿Cómo ha marcado el cuento nuestra literatura?

El cuento ha sufrido altibajos de popularidad a lo largo de muchos años, ahora vuelve a resurgir como un género en auge y por eso queremos darle un repaso a su historia.

Hay autores que fechan el origen de los cuentos con la aparición del Cantar del Mío Cid, allá por el año 1140. Y aunque tenemos que tener en cuenta la diferencia entre lo que es un cuento popular y uno literario, el segundo no habría podido existir sin el primero, es decir, sin la transmisión oral, boca a boca de pequeñas historietas. Y es que el hecho decisivo para la consolidación del género del cuento fue la recopilación de lo que ahora para nosotros son leyendas famosas de la cultura fantástica: los cuentos de los hermanos Grimm en Alemania. Esta recopilación sirvió como ejemplo para otros autores que se lanzaron a hacer lo mismo, probar y crear.

Una modalidad de cuento que seguro que os va a sonar es el adoctrinador, si no, os diremos que hay un libro que todos hemos leído en el colegio que cae bajo esta categoría: El conde de Lucanor, de D. Juan Manuel, utiliza la fábula moralizante para educar. Este tipo de cuento será el que prevalecerá en España hasta el siglo XIX, donde no se abandonará el cuento popular, pero ya encontraremos piezas más literarias.

El inicio de las andanzas de este tipo de cuentos podría fecharse con la publicación de Cuentos y poesías populares andaluzas, de Cecilia Böhl de Faber (con el pseudónimo de Fernán Caballero, ya que, en aquellos tiempos, aún no estaba muy bien visto que las mujeres fueran brillantes intelectuales), además, ella misma manifiesta en su prólogo el retraso del cuento en España en comparación con otros países europeos. Fue en estos años, gracias al inicio de la prensa escrita, donde se empieza a primar lo estético en vez de lo moralizante.

Para entender este tipo de género, también tenemos que tener en cuenta la diferencia de las técnicas narrativas, ya que si para escribir una novela dispones de meses o incluso años, a lo mejor el cuentista tiene que hacer el mismo trabajo en horas, sus recursos han de condensarse al máximo para que así nosotros podamos disfrutar de una narración y lectura lo más óptima posible. Creo que sabiendo esto, podemos descartar ese mito que dice que el cuentista no tiene aptitud literaria, ¿quién podría esgrimir un argumento así después de leer a grandes como Daniel Sueiro?

Podemos decir que la edad de oro del cuento español llega con la entrada del siglo XX, la Crisis del fin de siglo trajo consigo dos tendencias literarias muy marcadas, la Modernista y la Generación del 98, que llegaron a su cénit con la Generación del 27. La Generación del 98 fue acuñada así por Azorín en unos artículos publicados en el ABC en 1913. Las principales preocupaciones de estos escritores era buscarle un sentido a la vida y una esencia a España, así empiezan a idealizar los paisajes e historias de nuestro país, con un estilo para nada grandilocuente, sino todo lo contrario, abogando por la sencillez. ¿Sabéis ya de quién estamos hablando? De los grandes Valle Inclán, Unamuno, Baroja o Azorín. Y si avanzamos un poco más en la historia nos encontraremos con la Generación del 14, cuyos autores comparten con los anteriores la inquietud por la problemática de España. Recordad que en ese momento el país pasaba por una fuerte crisis por la pérdida de las últimas colonias y Europa estaba entrando en la Primera Guerra Mundial.

Todas estas generaciones y autores fueron de los que bebieron cuentistas que publicaban en periódicos, tales como Emilia Pardo Bazán, Benito Pérez Galdós, Leopoldo Alas Clarín, etc. Querían llegar a los lectores y ofrecían un producto que en principio parecía más sencillo que la novela.

Tras la Guerra Civil y hasta la Transición a la democracia tenemos que tener en cuenta que la cuentística española se vio dividida en el frente que se hallaba fuera de España exiliado, y el que permaneció en el país. Los cuentos de esta época, entre los que se encuentran los de Daniel Sueiro, se caracterizan por la presencia del dolor, la violencia y la desubicación. Personajes marginados y marcados por la dureza de los tiempos (¿nos suena?), y no se podían ver muchos cuentos reivindicadores de las condiciones que sufrían las clases bajas debido a la censura. ¿Entendemos ahora por qué vemos fundamental el rescate de una obra cuentística literaria como la de Daniel Sueiro? 

Creo que después de esta pequeña clase de historia sobre el cuento y la literatura, podemos entender con mayor facilidad por qué el cuento perdió cierta popularidad durante el final de la dictadura, olvidado durante la dura censura, pero es un género que con la llegada del siglo XXI empezó a reclamar su sitio como gran género literario. Y es por lo que nos hemos visto con la responsabilidad de traer al presente a uno de los cuentistas más importantes y olvidados de una época tan difícil, cuyos cuentos, sin embargo, no han envejecido ni un poquito.

Entradas

We need a hero

¿Necesita la literatura a los héroes?

Desde los mitos en la antigua Grecia, hasta los superhéreos actuales que llenan las salas de cine o las novelas de detectives, la figura del héroe ha sido central en las obras literarias. Personajes de destino, que redefinían su carácter y sus acciones en función de quiénes querían ser. Los Aquiles, los Heracles, los Ulises o El Capitán trueno. Crecimos con ellos, nos han enseñado qué es un personaje y cómo construirlo. Nos han enseñado cómo deberíamos ser.

Pero en la modernidad la literatura se aleja de los dioses, de los modelos perfectos, y se acerca a lo humano, a lo real. Y, ¿quiénes son nuestros héroes si los héroes somos nosotros? El destino pierde fuerza, parece una meta imposible, una mentira. Pura trampa literaria. Pero los héroes no mueren, no desaparecen de la narración.

¿Dónde están entonces? Siguen poblando la literatura, pero esta vez lo hacen desde el otro lado. Humanos que se hacen héroes, nacen los personajes de carácter, cuyos espíritus y voluntades determinan sus destinos, y eso les hace héroes. No por sus glorias sino por sus intentos, por sus sueños y ambiciones, por la imposibilidad de lograrlos. Los héroes imperfectos: los antihéroes.

El novelista Luís Mateo Díez, mucho más familiarizado con los héroes que la que escribe este artículo, los explica así:

La novela moderna está más habitada por antihéroes, que están más en la vida que en la imaginación y en los sueños; por seres humanos con precariedades y pasiones… Escribir es descubrir esos caminos de perdición. Esos avatares y aventuras a la vuelta de la esquina de gente que no va muy lejos sí que suponen una gran aventura.

Los Quijotes, los Lazarillos, los Tom Sawyers y los Gatsbys. Están por todas partes. Y también en los cuentos de Daniel Sueiro.

Los personajes de Cuentos para leer en la cama con un pitillo en la boca son esos antihéroes que buscan su meta, que persiguen un destino que no conocen. Sus tropiezos y sus frustraciones nos interesan más que sus victorias y sus sueños porque nos parecen más reales, nos recuerdan más a nosotros. Tiene sentido que consideremos más héroes a los personajes infelices de Sueiro, como Felipe el Marciano, encajonado en una vida y un trabajo que odia, siendo sustituido por algo mejor, porque se acerca más a nuestra realidad. En el realismo no puede no haber héroes, porque nada es más crítico con el lugar y el momento en que uno vive que demostrar las flaquezas de un héroe que nos representa a todos. Los protagonistas de Sueiro no nos muestran cómo deberíamos ser, nos muestran cómo es el mundo en el que vivimos, y por tanto cómo somos.

En la literatura clásica tememos a los dioses a través de los héroes. Ellos les temen, nosotros también. En los cuentos de Sueiro le tememos a los barrios vacíos de un Madrid gris y dormido, a las bombas que no llegan, a los cambios de rasante, a perder tu asiento en el tranvía… Tememos a las cosas que sus héroes están dispuestos a hacer por sobrevivir. La narración de sus andanzas nos sirve como guía para comprender el mundo y nos ayuda a conocernos mejor a nosotros mismos. Sus historias nos ayudan a entender mejor nuestra historia. Nos señalan los villanos mejor que cualquier epopeya griega.

El héroe de Sueiro lee en la cama con un pitillo en la boca. Se revela contra el mundo mientras está encerrado en él. Nos despierta y nos hace protagonistas de nuestras propias historias.

Y cuando lo leemos, comprendemos por qué todavía necesitamos a los héroes.

Entradas

Entrada para leer tumbado en la cama, con un pitillo en la boca

Pero leer en la cama proporciona algo más que entretenimiento: una peculiar sensación de intimidad. Leer en la cama es un acto egocéntrico, inmóvil, libre de las ordinarias convenciones sociales, invisible para el mundo y que, por producirse entre las sábanas, en el reino de la lascivia y de la pereza pecaminosa, participa de la emoción de las cosas prohibidas

Alberto Manguel, Una historia de la lectura, p. 221

Cuentos para leer en la cama con un pitillo en la boca… ¡Qué título tan extraño! ¿no? Normalmente los títulos dicen algo sobre el contenido del libro: sobre su atmósfera, sobre su tema, sobre sus protagonistas. Este, aparentemente, no. Este da una instrucción al lector sobre el lugar en el que debe leer y cómo debe hacerlo: en la cama con un pitillo en la boca… sin importar los riesgos de la vida sedentaria ni los del tabaco. Para entender todas las implicaciones que estas palabras tienen sobre los cuentos y novelas cortas que agrupan quizá nos sirva conocer algo del origen de este curioso título.

Cuentos Daniel Sueiro
Publicidad de Tabacalera S. A.

En algún momento de su vida Daniel Sueiro planeó una antología de cuentos y novelas cortas que iba a titularse Para leer tumbado en la cama con un pitillo en la boca. Nunca la llevó a cabo, pero sí que escribió un texto con ese mismo título, que serviría como prólogo, y en el que el escritor, incapaz de teclear nada en su máquina de escribir, muere (en lo que se puede interpretar como una prefiguración de la teoría literaria sobre la simbólica muerte del autor). A modo de homenaje a esa narrativa que se quedó sin tiempo tras la prematura muerte de, hemos situado este texto como cierre de nuestra antología de cuentos.

Pero, más allá de la anécdota sobre el título, elegimos este (después de varias discusiones, ejem, un poquito intensas) porque, si algo tienen en común los cuentos y las novelas cortas, es el tipo de lector. En otra parte Sueiro había escrito que

como creo también en la libertad del lector, y ello tanto o más que en la del propio escritor, pienso que si a aquel no se le puede halagar, tampoco se le debe adoctrinar; no esquemática y descaradamente, por lo menos

En la España de Dani, la de la Dictadura de Paquito (o, como también se la conoce, Dictapaquita), no había más resquicio de libertad que el que cada uno pudiera defender en su intimidad. El Régimen podía controlar qué se publicaba y qué se leía en público, pero no lo que se leía en privado ni los pocos textos que lograban pasar la frontera camuflados o ser impresos en la clandestinidad en España (y a los que hace unos años la Imprenta Municipal de Madrid dedicó una exposición, Letras clandestinas). En la intimidad de sus hogares, tumbados cómoda y placenteramente en la cama, los lectores españoles podían comprender las insinuaciones, los pocos resquicios de disidencia de la sedicente España grande y libre que los escritores lograban colar a la censura, en cuentos como el sueriano Mi asiento en el tranvía.

Cuentos Daniel Sueiro
Una de las más famosas lectoras en la cama, Marilyn Monroe

Y, ¿por qué el pitillo? Quizá una de las pocas canciones que hoy asociamos con los años 50 en España sea la versión de Sara Montiel de Fumando espero en El último cuplé. No mucho antes, un amigo de nuestra actriz más internacional a. P. C. (antes de Penélope Cruz), James Dean, había creado la imagen del rebelde moderno, irremediablemente unido ya al pitillo en la boca. Los cigarros tenían, además, un componente generacional y de clase muy marcado: frente a los aristocráticos y viejos puros, los populares pitillos, asequibles a obreros y jóvenes intelectuales sin una peseta. Si los protagonistas de algunos cuentos de Sueiro, como Las ratas o Al fondo del pozo, están constantemente fumando es porque los coetáneos del autor encontraban en el tabaco uno de los pocos placeres que se podían permitir, porque el humo de los cigarrillos desdibujaba los contornos de la España negra que les habían impuesto.

Cuentos Daniel Sueiro
El prototipo de rebelde, James Dean, con su cigarrillo en la boca

Así, indicando que estos cuentos y novelas cortas deben leerse en la cama con un pitillo en la boca homenajeamos a esos lectores para los que la rebeldía y el placer no solo eran compatibles, sino requisitos indispensables de la buena literatura.

Procedencia de las imágenes:

Cabecera: https://vaiu.es/la-publicidad-en-espana-desde-el-ano-1900-a-1979/#prettyphoto/29/

Publicidad Tabacalera: http://marcaporhombro.com/lavando-la-imagen-a-la-marca-tabacalera-y-su-fume-menos/

Marilyn Monroe: http://centeredlibrarian.blogspot.com/2010/11/marilyn-monroe-was-intellectual.html

James Dean: http://www.comotequedaspues.com/2013/03/james-dean-rebelde-estilo.html

Entradas

Franco se ha muerto más bien poco

Mira que en este blog nos encanta llevarle la contraria a Sueiro y mantenemos que se equivocó de lleno cuando aseguró que su obra no podía considerarse universal. Pero hoy nos tenemos que poner un puntito en la boca al recordar que en los 80 dijo que Franco se había muerto “más bien poco”. Si supiera… El dictador parece estar bastante vivo en 2019 no solo porque Santi pueda entrar en el Congreso con entre 29 y 37 escaños según el CIS de abril o porque a las noticias de la tele le salga una especie de grano setentero cada vez que Casado aparece. Hay que sumar el reaccionarismo de una parte de la población ante la idea de sacar a Franco del Valle de los Caídos.

El PSOE ya llevaba un tiempo con esta medida sobre la mesa. En mayo de 2017, presentaron en el Congreso una propuesta para instar al Gobierno de Rajoy a realizar la exhumación de Franco y recibieron el apoyo de Cs y Unidos Podemos. El PP se abstuvo (¡sorpresa!) y no hubo votos en contra. Así que, aunque por primera vez se había aprobado desenterrar al dictador y políticamente lo pedía una amplia mayoría de la Cámara Baja, hacerlo seguía en manos del Gobierno. Luego la sentencia de la Gürtel, luego la moción de censura y al final PDR.

Sánchez no había terminado de elegir colchón cuando anunció que su intención era sacar a la momia —si el nietísimo lo llama así, se vale— “en el plazo más breve posible”. Eso fue en junio de 2018 y aquí estamos. El Gobierno no lo ha tenido fácil entre la Fundación Franco, la familia del dictador, la Abadía del Valle de los Caídos, la gente que tiene la mala costumbre de saludar con el brazo muy tieso y, aunque parezca mentira, los permisos de obra.

_fotonoticia201807181542401920_694fb346
Sede del PSOE en Madrid con la pintada “El Valle no se toca” realizada por las Juventudes Falangistas en julio de 2018 | Europa Press

El Ejecutivo acordó el 15 de febrero la exhumación de los restos, en cumplimiento de un Real Decreto de octubre de 2018 y de un acuerdo del Consejo de Ministros de 31 de agosto de 2018 por el que se inició el procedimiento administrativo.

La Fundación Nacional Francisco Franco, según su propia página web, tiene como principal objetivo “difundir y promover el estudio y conocimiento sobre la vida, el pensamiento, el legado y la obra de Francisco Franco Bahamonde, en su dimensión humana, militar y política”. ¿Las risas enlatadas por lo de “dimensión humana” solo suenan en mi cabeza? El caso es que semejante misión les ha obligado a entorpecer todo el proceso. Por ejemplo, en marzo recurrieron al Supremo la orden de exhumación aprobada en febrero. Consideran que “lo que hace es acordar algo ilegal” por las “prisas” que tiene el Gobierno en exhumar al dictador para hacer de esta operación “una bandera estrella para las elecciones generales venideras”. Por cierto, el portavoz de esta institución privada es uno de los principales financiadores de VOX (otra sorpresa).

El Ejecutivo estuvo negociando con la familia hasta principios de marzo. Los Franco decidieron romper las conversaciones y reiteraron su intención de acudir a los tribunales. El Gobierno, si aceptaba la exhumación, estaba dispuesto a negociar dónde se volvía a enterrar y cómo iba a ser la exhumación. Pero claro, la única opción que la familia contemplaba —y contempla— era la inhumación en su cripta de la catedral de La Almudena. Así los 20N se podría poner Madrid de aguiluchos que ni para tomar a café con leche in Plaza Mayor. De eso también es consciente el Gobierno y, cuando la vicepresidenta, Carmen Calvo, aseguró que contaban con el apoyo de la Iglesia para que Franco no acabase en el centro de la capital, el Vaticano negó el acuerdo, aunque no se opone a la exhumación. Menos mal.

Sin importar la solana que puede caer de canto un 15 de julio en medio del monte y obviando las tortillas en las camisas nuevas, cientos de personas decidieron acercarse a Cuelgamuros con sus banderas de España customizadas para darles rollito preconstitucional, que es lo que se lleva. Contra todo pronóstico, la presidenta del Movimiento por España y organizadora de la jornada, Pilar Gutiérrez, está de acuerdo con nosotros —o algo así—, ya que reivindicó que “Franco no está muerto. Todos los que están muertos en Cristo no están muertos”. Los reunidos también encontraron ocasión para cantar el Cara al Sol o corear consignas como “Españoles sí, refugiados no” o “Cataluña es España, no nos engañan”. El pack completo.

_dikzdywxkaeeb2d_8dd56bd7
Decenas de personas hacen el saludo fascista en la manifestación del 15 de julio de 2018 en el Valle de los Caídos | Europa Press

A pesar de ese panorama espeluznante, no hay que olvidar que más de la mitad de los españoles apoya la exhumación, así como la ilegalización de la Fundación Franco y la expropiación del Pazo de Meirás.

Al igual que la familia y la Fundación Franco, la Abadía del Valle de los Caídos también recurrió al Supremo la exhumación de Franco. Algo que no pudo sorprender a nadie ya que el prior administrador fue candidato del partido Falange Española Independiente (FEI) al menos en dos procesos electorales. Y, por si acaso, la página web de la abadía está a nombre de una historiadora que, como el prior administrador, hizo sus pinitos en el mundo de la política: fue candidata independiente de Vox en las elecciones municipales del año 2015.

En principio, los restos del dictador Francisco Franco serán desenterrados del Valle de los Caídos y vueltos a inhumar el lunes día 10 de junio por la mañana en el panteón de Mingorrubio en el cementerio de El Pardo, de titularidad pública. Veremos.

Tan cerca del 14 de abril queremos recordar que miles de republicanos están enterrados junto a su verdugo. Así hablaba Daniel Sueiro en su libro-reportaje La verdadera historia del Valle de los Caídos (Sedmay, 1976):

Bajo la cortina de humo de las grandes palabras y de los bellos proyectos, buena parte de la generación vencida en la guerra es objeto de las depuraciones, los apartamientos del servicio, las represalias y las mil acusaciones propias del momento. Campesinos, obreros, militares profesionales, artistas, literatos, miembros de las profesiones liberales, militantes políticos de todas las tendencias van acogiéndose a la liberación que supone la posibilidad de trabajar en las numerosas colonias penitenciarias que funcionan en el país. Es para ellos una liberación real, una situación material incomparablemente mejor que las que les tocará vivir a los que quedan encerrados en las prisiones o serán empujados a los paredones frente a los fusiles.

[…]

De cuando en cuando llega Franco de visita. En fechas señaladas, con todo el séquito; sin avisar, en la mayoría de las ocasiones. Entonces se establece una vigilancia más rígida, un control más severo. Pero él pasa por medio silencioso y sin hacer caso a nadie, mirándolo todo, deteniéndose horas y más horas para estudiar un plano o una maqueta, en medio del agotamiento general.

Para seguir profundizando en el tema recomendamos El Valle de los Caídos: los secretos de la cripta franquista (Argos Vergara, 1983), también de Daniel Sueiro; El Valle de los Caídos, de José María Calleja (Espasa, 2009); El Valle de los Caídos: una memoria de España, de Fernando Olmeda (Península, 2009) y Esclavos por la patria, de Isaías Lafuente (Temas de hoy, 2004 y reeditado por Planeta en 2018).


Nota: La frase que da nombre a este post pertenece al texto «A modo de autobiografía, y también de autocrítica» que Daniel Sueiro escribió a modo de prólogo para la segunda edición española de su novela Estos son tus hermanos (Argos Vergara, 1981). Este es el fragmento completo:

A la muerte de Franco ―y no fue mucho lo que entonces se murió, sino más bien poco, como hemos venido a comprobar en menos tiempo―, también hubo gente que lamentó con regocijo, con la boquita pequeña y malvada, que los cajones de las mesas de los escritores españoles no rebosaran de manuscritos geniales, de obras maestras que vinieran a demos­trar de la noche a la mañana que el florecimiento cultu­ral, la apoteosis creadora, la eclosión desbordante era lo menos que podía traer consigo la recuperación de las libertades.

[En la imagen principal: Unos jóvenes pasan ante un grafiti que firma el artista urbano TVBoy, aparecido en Barcelona, en el que se muestra a Franco caracterizado como Frankenstein y el lema “El despertar del pasado” | EFE]