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Una vida de cuento

Como ya vimos la semana pasada en esta entrada, Sueiro se sirvió de su familiaridad con las calles de Madrid, donde vivió gran parte de su vida, para situar las tramas de numerosos cuentos. Pero no se quedó ahí, Sueiro siempre se inspiró a lo largo de su carrera en sus experiencias vitales y dejó en muchos de sus cuentos pedacitos de sí. Hoy repasamos algunos de ellos.

Puede que uno de los cuentos más personales del autor sea «El maestro». Este relato cargado de inocencia y ternura podría ser una especie de homenaje a su padre, que era profesor en una escuela rural en el pueblecito coruñés de Ribasar. En este cuento, dos niños se escabullen de la clase de dibujo para bañarse en el río. Cuando regresan, preocupados por que el profesor se haya percatado de su ausencia, descubren que todos se han marchado, dejando atrás sus pertenencias. Una vez en el pueblo, se enteran de que el maestro sufrió un ataque durante la lección y está agonizando. En su lecho de muerte, el hombre, lejos de enfadarse, parece alegrarse al tocar el pelo húmedo de su alumno.


Y a mí me pareció que quiso sonreír y que no pudo.

Aparte de su Galicia natal y Madrid, Cádiz también cobra protagonismo especialmente en uno de sus cuentos. Sueiro solía veranear en El Puerto de Santa María, donde su suegro tenía una casa. Allí conversaba con los obreros que construían los demás chalés de la nueva urbanización y de aquella experiencia nació «Las siestas». El cuento está protagonizado por un obrero adolescente que trabaja en la construcción de una casa de veraneo precisamente allí, en El Puerto de Santa María, y que está obsesionado con la mujer que viven en el chalé de enfrente. El sofocante sol estival a la hora de la siesta, que Sueiro supo reflejar a la perfección, no lo ayuda a deshacerse de la excitación que le provoca imaginarse lo que estará haciendo la mujer con su marido en la habitación durante las horas de más calor.

Como ya sabréis, Sueiro era periodista y utilizó también el género cuento para denunciar la precaria situación del periodismo en España durante el franquismo. Hablamos concretamente de «Al fondo del pozo», en el que el autor narra el desesperante proceso que deben seguir los de la profesión un día de pago. Aquí crea un pozo en el que todos escupen y tiran colillas que simboliza el estado de la cultura en ese momento histórico, en el que los periodistas se veían obligados a escribir piezas de las que renegaban para poder sobrevivir pese a contribuir así a aumentar el «nivel de inmundicia». Por cierto, de este cuento procede la cita que aparece en la contracubierta de nuestra antología.


Acababa de encender un cigarrillo y me acerqué a una de las ventanas para tirarlo casi entero al fondo del pozo y escupir, escupir dos veces con asco hasta ver cómo llegaba abajo todo aquello y aumentaba un poco más el nivel de inmundicia y podredumbre.

Si os habéis quedado con ganas de leer más, os alegrará saber que ya se acaba la espera. ¡Este miércoles 22 de mayo sale por fin a la venta Cuentos para leer en la cama con un pitillo en la boca!

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La España actual en los cuentos de Sueiro

En setenta años hemos cambiado mucho. Pero sorprende (y, en ocasiones, asusta) ver lo mucho que encontramos de la España actual en los cuentos de Daniel Sueiro.

A finales de los cincuenta ya nos hablaba de un hombre que veía su puesto de trabajo amenazado por la llegada de una novedosa tecnología; de mujeres deshumanizadas por la precariedad laboral y las desigualdades, y de personas que anteponían su bienestar a la vida de otros y contemplaban impasibles las desgracias ajenas escudándose en la falsa creencia de que no podían hacer nada para evitarlo.

Casi siete décadas después nos hallamos en un momento en el que los avances tecnológicos comienzan a desbancar a las personas en determinados sectores y en el que la tecnología hace que perdamos a menudo el contacto con el entorno. Aún millones de ciudadanos se encuentran al borde de la pobreza pese a tener un trabajo y las desigualdades entre la clase media y alta siguen a la orden del día.

Asimismo, conformamos una sociedad en la que muchos prefieren mirar hacia otro lado mientras mueren personas en el mar por miedo a poner en peligro su estado de bienestar.

Si continuamos cronológicamente por la creación cuentística de Sueiro, vemos que a principios de los sesenta retrataba a un hombre desesperado por salir de la miseria y a otro que decidía vengarse de un robo por no creer en las capacidades de las instituciones judiciales. En «Viaje en bicicleta» presentaba a una mujer que se rebelaba ante su marido para adquirir el poder que le correspondía, al menos, en el ámbito doméstico y en «Mi asiento en el tranvía» dibujaba una juventud incapaz de alcanzar sus más simples aspiraciones.

En los cuentos publicados en los setenta se vislumbra la desaparición del lugar en el mundo para la masculinidad hegemónica y nos topamos, una vez más, con una sociedad alienada por la tecnología. Asimismo, escuchamos a una mujer que añora tiempos pasados supuestamente mejores y en «El día en que subió y subió la marea», Sueiro dibuja un mar embravecido que escupe a tierra todo tipo de basura, mientras que la sociedad no reacciona hasta que es demasiado tarde.

Una vez más, es inevitable reparar en los paralelismos con la España actual, pues la fe del ciudadano en la Justicia sigue tambaleándose ante la sospecha de que los poderosos siempre ganan.

Sin embargo, y afortunadamente, también vivimos en una España en la que la mujer cada día está más cerca de ocupar el lugar que legítimamente le corresponde en la sociedad; en la que millones de personas se echan a las calles para defender sus derechos y en la que esa masculinidad tóxica presentada en «El cuidado de las manos…» no tiene cabida.

Por el contrario, la juventud continúa enfrentándose a grandes dificultades para alcanzar sus objetivos: la tasa de desempleo juvenil es de las más altas del continente y la precariedad laboral se ha convertido en norma.

La nuestra también sigue siendo una sociedad en la que hay individuos que enaltecen tiempos pasados y se empeñan en retroceder a una época de una supuesta mayor grandeza nacional.

Por último, continuamos en un mundo en el que muchos miran impasibles cómo destruimos el planeta y no reaccionarán hasta que el propio mar empiece a generar mareas de plástico.

Daniel Sueiro hablaba en sus cuentos de injusticias, de política, del estancamiento y la evolución de la España franquista y posfranquista con la esperanza de remover conciencias. Ahora nosotros volvemos a poner esos textos universales encima de la mensa en Cuentos para leer en la cama con un pitillo en la boca para que la literatura de Sueiro pueda continuar con su labor, para que vuelva a abrirnos los ojos.

*Prohibido el uso y la difusión de las imágenes de este artículo.