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El cerco a la feminidad

«Lo que nunca haría ya, pasase lo que pasase, aunque se quedara de nuevo en la calle aquella misma noche o a la mañana siguiente, sería volver a las paredes frías y a las hoscas miradas, al miedo y al hambre descarnados, y mucho menos a aquella horrible vergüenza, a la humillación y a la rabia que le daba recordar todo aquello, desgraciado, desgraciado y mil veces desgraciado, jamás volvería a verlo ni a ningún otro, estuvieran donde estuvieran, por lo que me has hecho, todo aquello de lo que había huido, para siempre, otra noche, aquel mismo invierno.»

Una niña se queda en la sola compañía de una manada de gatos; una mujer contempla con desagrado el pronto retorno de su marido al hogar. En los cuentos de Sueiro, la feminidad se ve cercada; a veces no se producen agresiones directas, pero ellas, las mujeres, están atrapadas frente a un enemigo que ejerce una determinada violencia contra ellas. Los relatos mencionados («Felis domesticus», «Viaje en bicicleta») tienen varios puntos en común. Es evidente que son algunos de los textos protagonizados por o focalizados en mujeres (en «Viaje en bicicleta», la mujer es la cara B del relato, pues hay otra trama en la figura del esposo). Pero el nexo más interesante no es este, sino su estructuración a partir de una dicotomía de cazador y presa.

Comencemos con Valentina, la mujer de «Viaje en bicicleta», que vive en el canónico espacio de lo doméstico como un ángel del hogar solitario y manchego. Cuando su marido llega a casa, ella se sorprende, porque no le espera ese día; acto seguido, le rechaza. El cuento se estructura en torno a este rechazo, con su esposo, Eusebio, tratando de acercarse a ella en una especie de tira y afloja corporal que no evita la separación constante de ambos. La decisión de Sueiro de que Valentina diga no (en dos ocasiones) ya tiene implicaciones: se niega a cumplir su deber, quiebra su espacio, ya no representa la función que debiera. Subvierte la función de presa a la que Eusebio la condena de forma inconsciente. Sin embargo, no puede escapar del ámbito doméstico, del lugar al que pertenece, al que está encadenada. Se produce un despertar, sin más acción que esta. De hecho, es él quien se marcha (en tren y rabioso, de nuevo hacia un trabajo que detesta e incapaz de entender el porqué del rechazo de su esposa); Valentina se queda sola, llora, pero no llama a Eusebio, en una tercera negación. Yo expongo los hechos y vosotros atáis los cabos neotestamentarios de este fortísimo rechazo de la autoridad. En el plano de lo simbólico, Valentina consigue huir, queda libre por el momento; pero esto no ocurre en el plano físico.

¿Porque cómo se escapa en el plano físico? ¿Cómo consigue una mujer romper con el esquema cazador/presa que presenta el patriarcado? Para eso hay que desligarse de la estructura humana, desvincularse de la sociedad. En «Felis domesticus», una niña huye de no se sabe bien qué (aunque se intuye) y da a parar a la casa de unos ancianos, un lugar lleno de gatos, que se quedará cuidando cuando los dueños se marchen. Evitemos los innecesarios spoilers. La niña se enfrenta al mundo. El aspecto más interesante de este relato es la deshumanización que sufre a medida que avanza el argumento; poco a poco, este personaje sin nombre abandona cualquier canon social, abandona lentamente la humanidad hasta convertirse en una suerte de gato más, en un ser salvaje que corre por la casa y el jardín y que ya no atiende a nada más que a su instinto.

En este cuento, el agón se ve representado por un personaje que trata de meterse en la casa para hacerle daño a la niña; es decir, por un cazador que cerca a su presa. El pasaje conecta con textos estadounidenses (ya hemos hablado de otros casos en los que esto ocurre) como «¿Adónde vas? ¿Dónde has estado?», de Joyce Carol Oates. Ambos textos hablan de mujeres que se enfrentan a la violencia que el hombre ejerce contra ellas. Pero hemos de recordar que Sueiro ha construido aquí un personaje que ya viene huyendo; ya se ha percatado de esto y lucha contra ello. No está de nuevas y elimina su función de presa, de víctima, para entrar en una nueva categoría, fuera de lo social y la estructura canónica; ya no puede pertenecer a la humanidad por la imposibilidad de salirse de lo político. Por tanto, debe marcharse, convertirse en otra cosa. Despertar y transformación. Esta metamorfosis es uno de los elementos que convierten a este texto en uno profundamente moderno, que se separa de forma radical de la producción de la época.

Los textos trascienden la autoría concreta. Van más allá de la época, del lugar, parten de una intuición humana lejana a cualquier disquisición temporal y territorial. Estos cuentos, separados por tan solo unos años en su escritura o publicación original, cuentan una historia semejante. Una historia de agresiones silenciosas que pasan desapercibidas pero en las que se puede poner el foco. Sueiro lo hace y eso los convierte en relatos maravillosos; el autor entiende que se ha de producir un cambio, un click en los personajes, una especie de iluminación (de despertar) para que surja la lucha. De esta rebelión, por tímida que parezca ser a veces para el argumento, surge el brillo de Valentina y de la niña sin nombre de «Felis domesticus». Y, por supuesto, emerge el brillo de los relatos.

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Una literatura breve: Cheever, Carver y Sueiro

Dicen algunos críticos que los americanos inventaron el cuento. Eso dicen.

La modernidad estaba en el fragmento, pero el cuento había sido siempre un ejercicio cerrado y estético, una preciosa cajita de música construida para sonar bien. Sin embargo, en la segunda mitad del siglo XX, la era de la «gran novela americana», algunos narradores se pasaron al género del cuento para arrebatarle su fama de canto de cisne. Ahora las piezas breves no solo iban a trasladarse a lo social, al realismo que los americanos acababan de descubrir que tenían, sino que además lo iban a ensuciar. El dirty realism iba a convertir a América en el país del «nuevo cuento» y algunos de sus autores más icónicos, como Raymond Carver o John Cheever iban a ser sus padres fundadores. 

John Cheever

Pero, ¿qué pasaba en España? (esa parece ser la mejor pregunta en el siglo XX en lo que a literatura se refiere). ¿Qué hay más sucio que la realidad de la España de los 50, 60 o 70? En este país, entre silencio y susurros, se escondía un escritor que poco tiene que envidiar a los grandes cuentistas americanos de los que hoy todo el mundo se acuerda.

Daniel Sueiro iba a escribir sobre nuestra España sucia mucho antes de que nosotros supiéramos lo que era eso.

Cheever y Carver traen al cuento el silencio y la espera. De pronto, el silencio significa algo en los cuentos de Carver y de Cheever que nunca había significado antes. Igual que ocurre en los de Sueiro. Podemos saber más sobre los personajes por lo que no se dice de ellos que por lo que se dice. Las conversaciones que no tienen son las importantes, y están allí porque se ausentan. Mientras la pareja de amantes más famosa de Carver discute sin escucharse en Intimidad, Sueiro habla de la intimidad perdida entre todos los seres humanos en su cuento Algo de alguien en algún sitio. Conversaciones que no llevan a ningún sitio y que insinúan más que cuentan. Insinuar a la contra, esa es la técnica carveriana (¿o sueiriana?). Sus escrituras se construyen en la elipsis. Saben callarse formando un estruendo.

El llamado «misterio americano», ese de contar sin decir, de poner las cosas tan claras que no hace falta contarlas porque el otro ya las sabe, y que invita a una segunda lectura, está ya en los cuentos de Sueiro, que es imposible leer solo una vez. La modernidad de evitar llenar los huecos para el lector, obligando a una relectura que solo fabricas para ti, convierte a los cuentos de Sueiro en el invento más moderno de la cuentística española. Sueiro se adelanta casi veinte años, nos trae técnicas que tardaríamos décadas en volver a ver en España. Algunos de sus cuentos como Mientras espero, podrían ser hermanos de los mejores cuentos de Carver.

Los relatos de Cheever se basan en las conexiones. Los episodios, los recuerdos, las imágenes se suceden con una lógica aparentemente caótica. Y nunca llegan a parecer meras digresiones, sino partes de un puzzle que hay que construir. Incluso cuando tiende a la estructura premeditada, como en El nadador, Cheever se las arregla para dejar un margen al misterio. Tampoco lo fantástico se conforma con serlo. El nadador que cruza piscinas ajenas avanza en el espacio, pero también en el tiempo. Y se dirige hacia su propio invierno. Pero lo fantástico que no es tan fantástico, sino más bien una estructura (es decir, más bien social) es el recurso estrella del cuento fantástico más brillante de Sueiro: El día en que subió subió la marea. El nadador de Cheever podría haber recorrido la Península bañándose en la misteriosa marea de Sueiro, por las mismas razones.

Cheever y Carver quieren poner el ojo en lo que se mira, aunque lo que se mire parezca un desperdicio. Las relaciones personales reciben un enfoque parecido. Las parejas de Cheever rara vez rompen, se mantienen en un equilibrio frágil, anhelando, esperando que nada se rompa. Las relaciones humanas en Carver, sin embargo, suelen reflejar un fracaso consumado. Las relaciones humanas en Sueiro penden de ese mismo equilibro, de un hilo a punto de resquebrajarse que revela un trasfondo que corta la respiración y un anhelo de esperanza que los hunde. Que se lo digan a la pareja de Viaje en bicicleta o a Las dos hermanas.

Raymond Carver

Los americanos hablan de religión, sobre el «espíritu religioso». Cheever parecía encontrar más inspiración que limitaciones en la moral religiosa. Carver veía en la falta de fe la nueva religión imperante. Pero Sueiro vivía en el país del nacional catolicismo, escribiendo contra el «Espíritu Nacional» en la España de Sobremesa con fotos. Donde los verdugos y los barberos no saben qué hacer ahora que se han quedado sin clientes. La moral y la religión no pululan por sus cuentos, sino que los forman, los moldean como si fueran el colchón sobre el que sientan sus personajes. ¿Quién podría decir, y quedarse tan ancho leyéndolo, que esto lo trajeron al cuento los americanos?

Y es que la España de Sueiro está sucia. Llena de mujeres que conviven con gatos, de criadas que abren el gas para callar a los hijos de sus señores, de tipos que aceleran en el cambio de rasante a toda velocidad. Personajes que podrían estar en cualquier cuento de Cheever o Carver. Modernos, irónicos, cínicos y críticos.

La pregunta es, si Cheever o Carver son los padres del cuento posmoderno (los padres de Robert Coover, de David Foster Wallace o de Pynchon), ¿dónde están los hijos de Daniel Sueiro? La cuentística española pudo a través de Sueiro competir con los más grandes cuentistas americanos, pero como él, se quedó sin tiempo. Ahora es el turno de sus herederos literarios reconocer quién es su padre. Poner nombre y apellidos a la España más dirty.

Podrás leer todos los cuentos de Sueiro mencionados en este artículo muy pronto en la antología «Para leer en la cama con un pitillo en la boca »

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La España actual en los cuentos de Sueiro

En setenta años hemos cambiado mucho. Pero sorprende (y, en ocasiones, asusta) ver lo mucho que encontramos de la España actual en los cuentos de Daniel Sueiro.

A finales de los cincuenta ya nos hablaba de un hombre que veía su puesto de trabajo amenazado por la llegada de una novedosa tecnología; de mujeres deshumanizadas por la precariedad laboral y las desigualdades, y de personas que anteponían su bienestar a la vida de otros y contemplaban impasibles las desgracias ajenas escudándose en la falsa creencia de que no podían hacer nada para evitarlo.

Casi siete décadas después nos hallamos en un momento en el que los avances tecnológicos comienzan a desbancar a las personas en determinados sectores y en el que la tecnología hace que perdamos a menudo el contacto con el entorno. Aún millones de ciudadanos se encuentran al borde de la pobreza pese a tener un trabajo y las desigualdades entre la clase media y alta siguen a la orden del día.

Asimismo, conformamos una sociedad en la que muchos prefieren mirar hacia otro lado mientras mueren personas en el mar por miedo a poner en peligro su estado de bienestar.

Si continuamos cronológicamente por la creación cuentística de Sueiro, vemos que a principios de los sesenta retrataba a un hombre desesperado por salir de la miseria y a otro que decidía vengarse de un robo por no creer en las capacidades de las instituciones judiciales. En «Viaje en bicicleta» presentaba a una mujer que se rebelaba ante su marido para adquirir el poder que le correspondía, al menos, en el ámbito doméstico y en «Mi asiento en el tranvía» dibujaba una juventud incapaz de alcanzar sus más simples aspiraciones.

En los cuentos publicados en los setenta se vislumbra la desaparición del lugar en el mundo para la masculinidad hegemónica y nos topamos, una vez más, con una sociedad alienada por la tecnología. Asimismo, escuchamos a una mujer que añora tiempos pasados supuestamente mejores y en «El día en que subió y subió la marea», Sueiro dibuja un mar embravecido que escupe a tierra todo tipo de basura, mientras que la sociedad no reacciona hasta que es demasiado tarde.

Una vez más, es inevitable reparar en los paralelismos con la España actual, pues la fe del ciudadano en la Justicia sigue tambaleándose ante la sospecha de que los poderosos siempre ganan.

Sin embargo, y afortunadamente, también vivimos en una España en la que la mujer cada día está más cerca de ocupar el lugar que legítimamente le corresponde en la sociedad; en la que millones de personas se echan a las calles para defender sus derechos y en la que esa masculinidad tóxica presentada en «El cuidado de las manos…» no tiene cabida.

Por el contrario, la juventud continúa enfrentándose a grandes dificultades para alcanzar sus objetivos: la tasa de desempleo juvenil es de las más altas del continente y la precariedad laboral se ha convertido en norma.

La nuestra también sigue siendo una sociedad en la que hay individuos que enaltecen tiempos pasados y se empeñan en retroceder a una época de una supuesta mayor grandeza nacional.

Por último, continuamos en un mundo en el que muchos miran impasibles cómo destruimos el planeta y no reaccionarán hasta que el propio mar empiece a generar mareas de plástico.

Daniel Sueiro hablaba en sus cuentos de injusticias, de política, del estancamiento y la evolución de la España franquista y posfranquista con la esperanza de remover conciencias. Ahora nosotros volvemos a poner esos textos universales encima de la mensa en Cuentos para leer en la cama con un pitillo en la boca para que la literatura de Sueiro pueda continuar con su labor, para que vuelva a abrirnos los ojos.

*Prohibido el uso y la difusión de las imágenes de este artículo.

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Los amigos de Daniel Sueiro

Los inicios literarios de Daniel Sueiro lo sitúan en el Realismo social, género que desarrolla la denominada Generación de medio siglo o Segunda generación de posguerra, a la que él pertenecía. Los artistas y autores de esta generación heredan el Realismo de la generación anterior y consideran que la cultura debe tener una función social. Para ello, adoptan una postura crítica con la realidad y denuncian las injusticias sociales. Creen en la capacidad de la literatura para transformar el mundo.
No obstante, aunque esta concepción de la literatura persiste, no tardarán en sentir la necesidad de renovar la narrativa del momento, por agotamiento de los recursos del realismo social, y tienden hacia el experimentalismo.
Más tarde, la muerte de Franco provoca la afluencia de escritores y el retorno de los exiliados, lo que se traduce en la adopción de recursos y géneros de otras literaturas y en la recuperación de la memoria histórica.

Los amigos de Sueiro:

Daniel Sueiro y Mario Camus trabajaron juntos en la adaptación cinematográfica la novela corta de Sueiro, La carpa, bajo el título Los farsantes (1963). Pero no era la primera vez que colaboraban en un proyecto de este tipo, ya en 1959, ambos trabajaron en la película Los golfos, dirigida por Carlos Saura. Mario Camus (Santander, 1935) es un director de cine que trabajó en televisión española ─con documentales como «Conozca usted España» o «Cuentos y leyendas», y con series como el hito de los sesenta «Curro Jiménez» (1976)─ y que cuenta con una extensa trayectoria profesional con adaptaciones de La Colmena (1982), Los pájaros de Baden Baden (1975) o La casa de Bernarda Alba (1987)1.

El ensayo periodístico Los verdugos españoles (1972) de Daniel Sueiro fue llevado a la gran pantalla por Basilio Martín Patino con el título Queridísimos Verdugos (1973). Basilio Martín Patino (Salamanca, 1930-Madrid, 2017) fue uno de los directores de cine más reconocidos por su obra independiente y experimental. De entre su producción debemos distinguir entre su obra comprometida, en la que se encontramos Canciones para después de una guerra (1971), Caudillo (1974) ─rodada de forma clandestina y estrenada poco después de la muerte de Franco─ o Libre te quiero (2012) ─documental sobre el 15-M─; y su obra de ficción con Nueve cartas a Berta (1966) y Octavia (2002)2.

Son varias las ocasiones en que Daniel Sueiro e Isaac Montero coincidieron a lo largo de sendas trayectorias profesionales. Ambos publicaron artículos para el diario Pueblo, trabajaron en la agencia de publicidad Hijos de Valeriano Pérez y participaron, junto a Manuel Matffi y Eugenio Martín, en el guion de la serie de televisión Cervantes (1981)3. Isaac Montero (Madrid, 1936-2008) es autor de novela, ensayo y cuento: El teléfono (premio Sésamo 1957), Alrededor de un día de abril (1966) ─primera novela censurada (durante 15 años) por el Tribunal de Orden Público franquista4─, El sueño de Móstoles (1995), Ladrón de Lunas (Premio de la Crítica 1998), La fuga del mar (2000) y El lobo cansado (2007). De entre sus trabajos como guionista destacan Juanita la Larga o Pájaro en una tormenta (1984)5.

Tras la muerte de Daniel Sueiro en 1986, Mari Cruz Seoane, su esposa, se esforzó porque se reeditara la producción literaria de su marido. Mari Cruz Seoane (1935-2014) se doctoró en Filología Románica por la Universidad Complutense de Madrid con la tesis El primer lenguaje constitucional español (Las Cortes de Cádiz), publicada en 1968, y se dedicó al estudio de la evolución del periodismo en España con obras como Oratoria y periodismo en la España del siglo XIX (1977), Historia del periodismo en España (publicada en tres volúmenes entre 1983 y 1998) o De una aventura incierta a una gran industria cultural (2004), escrito en colaboración con su hija, Susana Sueiro6.

Finalmente, de entre los amigos y conocidos de Daniel Sueiro, debemos mencionar su relación con Francisco Umbral, con quien mantuvo correspondencia. Francisco Umbral (Madrid, 1932-Madrid, 2007), escritor, ensayista y periodista, es autor de una extensa obra por la que se le ha reconocido con los premios Príncipe de Asturias 1996 y Cervantes 2000. Algunos de los títulos que componen tal obra son: Spleen de Madrid (1973), La noche que llegué al Café Gijón (1977), España como invento (1984), La década roja (1993) y Los días felices de Argüelles (2005)7.

Autores de trayectoria similar a la de Daniel Sueiro:

José Ignacio de Aldecoa (Vitoria, 1925-Madrid, 1969). Su prolífica labor literaria cuenta con obras poéticas, Todavía la vida (1947) y Libro de algas (1949); novelas, El fulgor y la sangre (1954), Con el viento solano (1956), adaptada al cine en 1965 por Mario Camus, o Gran Sol (Premio de la Crítica 1958); y cuentos, género en el que es considerado un maestro, recopilados por su esposa, Josefina Rodríguez Álvarez, Cuentos completos (1986)8. También es autor de los guiones de cine: Gayarre (1959) y Los pájaros de Baden Baden (1975)9.

Josefina Rodríguez Álvarez (León, 1926-Santander, 2011), más conocida como Josefina Aldecoa, se doctoró en Filosofía y Letras por la Universidad de Madrid y fundó el colegio privado Estilo, sustentado en principios krausistas y el espíritu de la Institución Libre de Enseñanza11. Su producción literaria cuenta con el libro de cuentos A ninguna parte (1962), el libro de memorias Los niños de la guerra (1983) y la trilogía de novela histórica Historia de una maestra (1990), su obra más celebrada, Mujeres de negro (1994) y La fuerza del destino (1997)10.

Ana María Matute (Barcelona, 1925-2014), calificada como la mejor autora de posguerra, es autora de las novelas Luciérnaga (escrita en 1949 pero, censurada, hubo de esperar hasta 1955 para publicarla modificada bajo el título de En esta tierra; no será hasta 1993 que publique la versión original), Fiesta al Noroeste (Premio Café Gijón 1952), Pequeño teatro (Premio de la Crítica 1954), la trilogía Los mercaderes (1960; Primera memoria, Premio Nacional de Literatura; Los soldados lloran de noche, premio Fastenrath 1962; y La trampa) o Sólo un pie descalzo (Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil 1984). También ha sido galardonada con el Premio Nacional de las Letras 2007 y el Premio Cervantes 201012.

Carmen Martín Gaite (Salamanca, 1925-Madrid, 2000), doctorada en la Universidad de Madrid con el ensayo Usos amorosos del XVIII en España (1950), es autora de: el cuento Un día de libertad (1953); las novelas El balneario (Premio Café Gijón 1955), Entre visillos (Premio Nadal 1958), El cuarto de atrás (Premio Nacional de Literatura  en 1978)…; obras de teatro como La hermana pequeña (1959); la antología poética A rachas (1976); el ensayo Usos amorosos de la posguerra española (premio Anagrama de Ensayo 1987); el guion de la serie de televisión Santa Teresa de Jesús (1982) y Celia (1989), adaptación de los cuentos de Elena Fortún Cultivó la crítica literaria y la traducción de autores como Flaubert o E. Brönte. Su producción ha sido reconocida con varios premios a lo largo de los años, ejemplo de ello es el Premio Nacional de las Letras 199413.

1 https://www.biografiasyvidas.com/biografia/c/camus_mario.htm

2 http://www.basiliomartinpatino.org/

3 https://elpais.com/diario/1981/06/21/cultura/361922402_850215.html

4 https://www.huffingtonpost.es/2016/08/03/isaac-montero-novela_n_11320210.html

5 http://nalocos.blogspot.com/2008/09/isaac-montero-en-el-recuerdo.html

6 https://elpais.com/sociedad/2014/06/25/actualidad/1403731034_766048.html

7https://www.cervantes.es/bibliotecas_documentacion_espanol/biografias/sao_paulo_francisco_umbral.htm

Haz clic para acceder a APFU04_0057.pdf

Haz clic para acceder a APFU05_0108.pdf

8 https://www.zendalibros.com/el-15-de-noviembre-murio-ignacio-aldecoa/

9 https://www.escritores.org/biografias/420-ignacio-aldecoa

10 http://escritoras.com/escritoras/Josefina-Aldecoa

11https://www.eldiario.es/norte/cantabria/cantabrosconhistoria/Josefina-Aldecoa-historia-maestra_6_647845253.html

12 http://escritoras.com/escritoras/Ana-Maria-Matute

13 http://escritoras.com/escritoras/Carmen-Martin-Gaite

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Daniel Sueiro estaba equivocado

La maldición de las personas inteligentes es la lucidez. Después de leer la presentación del propio Sueiro, no hay duda de que era un hombre lúcido, capaz de ver las contradicciones de su tiempo y de su propia labor, la tensión entre lo que demandaba uno (sacudir esa España aturdida por los detentadores del poder) y lo que exigía la otra (la creación de una obra universal, no acotada en tiempo ni en espacio). Sueiro creyó que la forma en que él y sus coetáneos habían estado escribiendo, en que se habían dirigido a los españoles de la España franquista, convertía estos dos objetivos en mutuamente excluyentes.

Si esto fuera verdad, leer hoy a Daniel Sueiro sería solo, a lo menos, un ejercicio de arqueología literaria y, a lo más, un agradecimiento de los españoles de hoy a aquellos que lucharon contra el franquismo y su censura para que la cultura en España no se convirtiera en algo inerme y agostado. No podemos negar que algo de esto hay: quien lea hoy a Sueiro entenderá mejor la literatura y la historia de una de nuestras épocas más aciagas y homenajeará a un espíritu crítico y valiente, un demócrata constreñido por la estrechura de la vida en una dictadura brutal que no merece estar en las catacumbas del olvido, como tantos otros no merecen estar en las cunetas, estas sí demasiado físicas.

Pero si únicamente fuera por esto, no lo habríamos editado. Si lo hemos hecho es porque estamos convencidos de que, al menos en una cosa, Sueiro se equivocó: él sí logró crear historias universales a partir del material humano que le rodeaba, y al que se dirigía, y lo hizo tanto con las técnicas del realismo social como cuando quiso contar los cuentos que los españoles querían oír.

Los más antiguos cuentos de Sueiro se escribieron hacen setenta años; los más jóvenes ya han pasado la crisis de los cuarenta. No importa. Cuando estos textos sean centenarios seguirán hablando de algo que nos concierne: la defensa de la dignidad humana frente a la hostilidad de la realidad y sus miserias, la comunicación con los demás como tabla de salvación.

Si el mejor homenaje que se le puede hacer a un escritor es leerle, el mejor homenaje que se le puede hacer a un lector es ofrecerle una obra universal. Como editores, estas han sido las razones que nos han llevado a editar a Daniel Sueiro, y en este blog queremos demostrar que estos Cuentos para leer en la cama con un pitillo en la boca son la mejor forma de escapar del aburrimiento del país, del aburrimiento de todos nosotros, y encontrar a un escritor libre, vivo y universal.